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Saul Bellow, Novels 1944-1953
Posted on 31/03/2011 by observatoriodearte in Libros
Informo a continuación que, morosamente, leo a Saul Bellow (1915-2005). He decidido leer su obra completa con la esperanza de confirmar que se trata de uno de los “maestros de la narrativa norteamericana de la posguerra”, es decir, con la esperanza de que me guste y que yo sea capaz de apreciar que se trata, en efecto, de un autor mayor. Sólo he leído dos de sus novelas, ninguna de las cuales es considerada una de sus obras mayores (la segunda, The Victim, “una novela sobre la culpa”, es, en mi opinión, más difícil que la primera, Dangling Man; se trata de una novela aburrida, esto es, una novela que exige atención y esfuerzo). En la entrevista aparecida en 1966 en la Paris Review, Bellow desdeña el periodo que ocupa, precisamente, a las únicas dos novelas que he leído: “Creo que cuando escribí esos libros tempranos yo era tímido. Todavía experimentaba la increíble desfachatez de anunciarme al mundo (y en parte me refería al mundo WASP*) como un escritor y un artista. Tenía que pasar por varios parteaguas, demostrar mi destreza, rendir tributo a requerimientos formales. En suma, tenía miedo de soltarme”.
En este primer volumen de sus novelas reunidas, en edición de la Library of America se incluyen, como indica su título, las que publicó entre 1944 y 1953. La tercera, The Adventures of Augie March, es considerada su primer novela importante (si bien tuvo éxito y atención por parte de la crítica desde Dangling Man), y de las tres es la única que no he leído. Que esto se sepa también: a la par, he estado leyendo sus cartas, en la edición que salió el año pasado a cargo de Benjamin Taylor, lo cual, creo, me ha ofrecido ciertos vistazos a su proceso creativo, a pesar de la formalidad con la que habla del mismo o de algo que es bien sabido: las cartas no son el mejor vehículo para conocer a una persona, dadas a presentarse en ellas más como quieren ser vistas que como se ven a sí mismas. “Habiendo dicho eso”, Bellow es un gran escritor epistolar y apabulla la sabiduría, franqueza (aparentemente) y sensatez que muestra cuando se dirige a sus amigos.
Quizá sea mejor que de una vez adopten esa disposición ante un texto aburrido de la que hablaba hace rato. Pónganse cómodos, queridos lectores. Quizá esto tome un rato.
Leo en una carta de 1942 que Bellow le escribió a William Roth, editor de Colt Press: “Si fuera tan amable de ocuparse con rapidez de The Very Dark Trees (para bien o mal) le estaré infinitamente agradecido, pues el Ejército ya se encuentra sobre mis talones y me gustaría conocer la suerte de este libro antes de irme”. Taylor explica: antes de la publicación de Dangling Man, que lidia con un hombre que está esperando a que el ejército lo llame o no a la guerra (siendo originalmente de Canadá, tuvo que pasar meses de incertidumbre antes de saber si iría o no a la guerra), Bellow había intentado publicar no sólo The Very Dark Trees sino una novela que, al parecer, fue destruida y que habría de titularse Ruben Whitfield. Roth parecía tener confianza en los talentos de Bellow y quizá, de no ser porque al final de la guerra se retiró del mundo editorial, hubiera sido su editor durante muchos años.
Sobre Ruben Whitfield, la novela destruida, le escribió, en una carta de 1940 sin fechar a su amigo de infancia Oscar Tarcov, lo siguiente:
Estoy por terminar Ruben Whitfield. La habré terminado para la primavera. No creo que se trate de un libro tan bueno como el que podría escribir. En realidad tiene un tema para un escritor e individuo mejor desarrollado. No era mi proyecto ideal. Mis intereses y perspectivas cambiaban tan a menudo durante los meses en que lo escribí que quería regresar y empezar todo de nuevo. He reescrito algunas partes hasta cuatro veces y los resultados muestran grandes inconsistencias. Lo que estoy planeando ahora es más personal y no tan inteligente o arduo y estoy tan emocionado por empezarlo que estoy acelerando Ruben.
Ignoro si el proyecto “más personal” al que se refería aquí era Dangling Man o The Very Dark Trees, aunque quizá para 1940 la idea de un texto basado en sus experiencias como un hombre que espera irse a la guerra ya bullía en Bellow. En una carta del 8 de febrero de 1941, también a Tarcov, escribía: “Hasta ahora se han hecho indicaciones de que dado que no soy un ciudadano no pueden llamarme a la guerra y aunque no me siento exactamente seguro y confortable, es razonable que pueda hacer planes para el próximo año”. En una carta a Melvin Tumin, de 1942 (sin fechar), escribió: “Dial Press quería que hiciera un libro sobre el Ejército, cualquier tipo de libro, una autobiografía del día a día, que no fuera ficción”. Ciertamente Dangling Man no es una autobiografía, si bien bebe de las fuentes de las experiencias del día a día de este largo periodo de espera e incertidumbre. Incluso la forma del diario (las impresiones atómicas que privilegian la memoria inmediata antes que la sabiduría que otorga una distancia temporal más extensa) se mantiene en Dangling Man. Quizá no sea casualidad que se haga una apología de esta estructura desde la primera línea de la novela:
Hubo un tiempo en que las personas solían dirigirse a sí mismas con frecuencia y no sentían vergüenza de llevar un registro de sus transacciones internas. Pero mantener hoy en día un diario es considerado una especie de capricho, una debilidad de mal gusto. Pues esta es la era de la dureza. Hoy, el código del atleta, del chico duro –una herencia norteamericana, creo, del caballero inglés- la curiosa mezcla de esfuerzo, ascetismo y rigor, cuyos orígenes se pueden rastrear hasta Alejandro Magno- está más vigoroso que nunca.
Creo que sería mejor no ahondar más en Dangling Man o The Victim –francamente, no sabría cómo hacerlo y de algún modo creo que ya estoy abusando del espacio que tengo a mi disposición. Ignoro si Bellow fue un mejor autor de posguerra que de pre-guerra, el único Bellow que conozco. Todo parece indicar que así es (las críticas que he leído generalmente le prestan atención al Bellow maduro y desarrollado). Pero debo decir que disfruto mucho este Bellow indeciso aún a soltar todo el potencial que ya conocía y que hervía en su interior. El Bellow ambiguo, el joven que sabe lo que quiere pero que sabe también que le tomará tiempo. Hay algo, a la vez, desastroso en esto, creo, pues habla un poco de la gran catástrofe que continuamente estoy, o estamos, esperando para que le de sentido a mi vida, a nuestras vidas. Es muy triste tener este tipo de esperanzas, pues son un tipo de catástrofe en sí mismas: llevo la vida que desea una vida peor para poder extrañar esta, que detestamos por ser tan regular y frágil. Quizá sea demasiado escrupuloso, como Leventhal en The Victim, pero de algún modo deseo ese dulce castigo: que alguien o algo venga a arrebatarme todo este tiempo libre que tengo en mis manos. Me sorprendo así, leyendo a Bellow deseando poder gritar hurras auténticas por las horas reguladas, una supervisión del espíritu, ¡por una larga vida al régimen y la disciplina!
*White Anglo-Saxon Protestant
Saul Bellow, Novels 1944-1953: Dangling Man, The Victim, and The Adventures of Augie March, Library of America, 2003, 1029 pp.
Saul Bellow, Letters, ed. Benjamin Taylor, Viking, Nueva York, 2010, 571 pp.

