Giorgio Manganelli: Encomio del tirano

Posted on 13/05/2011 by in Libros

Pido perdón, inicio con una breve nota de carácter personal: este libro me lo regaló el editor para el que trabajo y a quien, generalmente en broma, me dirijo como “Patrón”. Es un pequeño juego, supongo, que tenemos entre los dos, donde yo le rindo un respeto desmedido para que él sienta una especie de vergüenza por relacionarse conmigo no sólo a través de la amistad (pues somos amigos) sino también a través del empleo. El jueguito salió más o menos a cuento cuando me regaló el libro pues se trata, como indica el título, de un encomio al tirano, una alabanza encarecida a una persona que abusa de su poder (acabo de consultar el diccionario). Aún más, se trata de la relación entre el escritor y el editor (soy un escritor), donde el escritor es a ratos un espía, un súbdito pero, sobre todo, un bufón ante un tirano. La profesión del bufón, dice Manganelli (Milán, 1922-Roma, 1990), «por lo general se confiaba a personajes variadamente deformes de mente o de cuerpo o de ambos, hombres tortuosos, tristes, astutos, tétricos, sórdidos, desventurados, aventureros, ingeniosos, penuriosos, ávidos, fantásticos, una raza que del todo no se ha dispersado, sino más bien disfrazado entre la gran multitud de los escritores, de aquellos que como yo se regodean con las sonoridades ambiguas de las palabras, gente tendente a los juegos de palabras, a las bromas palíndromas, a los acertijos, a los enigmas, a los dobles sentidos, a veces obscenos, a veces melancólicos, a veces alegres, más por lo general colmos de rencor».
Así pues: encuentro difícil hacer una lectura, digamos, desapegada del libro pues a ratos o busco en ella algo sobre lo que significa ser un escritor, sobre lo que significa ser un editor, si es que significa algo más allá de una profesión (creo que es el caso) y sobre la curiosa relación entre ambos, especialmente cuando uno puede ser, a la vez, escritor y editor. Manganelli, quiero decir, tiene en este libro lo que se conoce como un libro para escritores. ¿Podrá interesar a un lector, como quien dice, de a pie? Digamos que sí: posee una “apuesta formal” interesante, una serie de capítulos breves anudados por la pura necesidad de dividir un discurso en fragmentos, a través de convenciones juguetonas (al inicio del cuarto capítulo se lee: «Y he aquí, querido editor, que así, holgadamente caminando, hemos entrado al capítulo cuarto»; al finalizar el cuarto, se lee: «¿Quiere que, casi distraídamente, penetremos en el capítulo quinto? »; al inicio del sexto: «Me gusta, digámoslo incidentalmente, me gusta cambiar de capítulo; me siento como si estuviera consagrado a una gran y difícil obra…» etcétera), convenciones, por lo demás, que nos hacen dudar de las intenciones del narrador –se trata, pues, de un libro ambiguo, que se regodea en la indecisión y la divagación. ¿Cuándo se divaga? Cuando se busca decir algo esencial, a riesgo de no asirlo. Al respecto, saltemos al capítulo 20: «…si bien no puedes negar que te divierte este divagar mío, con todo resulta obvio que, en resumidas cuentas, estoy divagando. No me centro. Me ando con rodeos. Me voy por los cerros de Úbeda. Bueno, no diría yo tanto. Divago, pero al recorrer los senderos, nunca pierdo de vista la vía maestra. Divagar es deleitoso, como recorrer senderos herbosos durante una plúmbea calura; mientras la carretera principal está indefensa. Podría continuar con estas divagaciones mías durante todas estas páginas, durante un número infinito de páginas, divagar día tras día, hasta la muerte. Pero tú te aburrirías. Ya estás impaciente.» El tirano exige historias. Relatos. Entretenimientos. De ser posible, novelas. Lo interesante es que Manganelli ofrece en su encomio (que raya a menudo en el franco insulto), a ratos al menos, historias, relatos, sin dejar de divagar, es decir, sin dejar de apuntar a algo esencial: los relatos que aquí se presentan, concentrados, destilados, son, pues, enigmáticos (historias teológicas sobre meteoritos y cometas; historias de espías –bufones-; de justicia…).
Cuidado, viene el entusiasmo: me pasa ahora que tengo ganas de leer más obras de Manganelli (leo en la contraportada que la figura del bufón, aunque nunca tanto como aquí, aparece a menudo en su obra). Viene también el anuncio: si usted se sube al tren, al metro o al camión no tanto para llegar a un lugar como para poder leer mientras está en camino, ¡lea este libro!

Encomio del tirano.

Escrito con la única finalidad de hacer dinero.

Siruela, Madrid, 2003, 120 pp.
Giorgio Manganelli

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