Saturday, 19th May 2012

Ron Mueck: entrevista con Ery Camara

Posted on 18. Jan, 2012 by in Arte

Expresiones como “¡están igualitos!”, “¡qué bárbaro!”, “¡es impresionante!” y otras exclamaciones sinceras producto de la fascinación que guardamos para con lo hiperreal se escuchan frecuentemente en las salas del Antiguo Colegio de San Ildefonso, en donde se exhiben las esculturas del artista australiano Ron Mueck.

Mueck comenzó su carrera a finales de los años 70 en la industria de la televisión de su país, para la que creó y operó distintas marionetas en programas para niños. Muchos recordarán la película de culto Labyrinth, estelarizada por David Bowie en el papel del Rey de los Goblins; algunos de los modelos y animatronics en ella son creación de Mueck, quien frecuentemente tiene que batallar con los críticos que se preguntan si sus obras son verdaderamente arte o sólo muestras de su extraordinaria maestría.

Habrá para quien las esculturas colosales de Ron Mueck no sean más que productos de su manejo de la técnica; habrá también quien logre vivir momentos de catarsis frente algunas de las obras en esta exhibición, muy similar a la que el artista presentó en el Museo Andy Warhol en Pittsburg en 2007-2008; pero más importante es que habrá muchos para quienes la visita a esta exhibición sea altamente impactante, sin mayores explicaciones.

Como generalmente sucede en cuestiones de arte, la cosa es tan simple o tan complicada como uno quiera. Si queremos verlo desde su lado sencillo: las esculturas, al menos la mayoría de ellas, apelan a los sentimientos y a las emociones humanas más esenciales. Desde el hombre desnudo que, sentado indefenso en el interior de un desvencijado y escalado bote transmite miedo y desolación, hasta la diminuta pareja de hombre y mujer que con rostros de confusión yacen juntos, semidesnudos, sumergidos en sus pensamientos, en una evidente y mutua lejanía emocional.

Es tan básico como identificarse con estas emociones que, sin duda, todos hemos experimentado en la vida. Miedo, desconcierto, lejanía, desapego, fracaso, confusión. En mayor o menor medida nuestras vidas están construidas con base en el contraste de estos estadios y sus contrapartes en forma de felicidad, breves momentos de certeza, cariño, amor, enamoramiento, éxito etc.

La muestra Hiperrealismo de alto impacto de Ron Mueck ha significado un éxito absoluto para el Antiguo Colegio de San Ildefonso. A poco más de un mes de su inauguración ha roto records de asistencia y ha dejado atónitos a toda clase de públicos por las reflexiones que inspira acerca de —entre muchas otras— la labor museográfica misma y la relación de los museos con sus públicos. Es posible traer a la gente al museo, el posible la viralidad en el arte, pero ¿de qué depende?

Ery Camara, museólogo coordinador de exposiciones y registro de obra de San Ildefonso, nos concedió una entrevista en la que ahonda sobre estas reflexiones, las reacciones de los públicos ante las obras de Ron Mueck y el interesante fenómeno fotográfico que se ha generado en redes sociales como Twitter, Facebook e Instagram .

¿Cómo nace la iniciativa de hacer la exhibiciónn de Ron Mueck en San Ildefonso?

Primero nació del interés que compartí con el curador Jorge Contreras que en ese entonces era curador de MARCO (Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey) y me avisó que había una posibilidad de que MARCO trajera  a Ron Mueck. Yo había conocido su obra en 2001 cuando fui presidente del jurado de la Bienal de Venecia. Ahí presentó el Baby, el que tenemos aquí, y el adolescente, Boy, y el Hombre Arrodillado, desde entonces tenía un interés hacia su obra porque me parecía muy singular por ser un escultor que innova en ese campo de la figuración con materiales sintéticos, cosa que aunque lo haya habido en la tradición escultórica occidental nunca se llegó a tal grado de verosimilitud en cuanto a las encarnaciones, los detalles de la anatomía. Entonces a partir de ahí creo que lo comenté con mi directora que viajó a Monterrey y en una plática con Nina Zambrano se acordó, como tenemos ya bastante tradición con MARCO de compartir, entonces después de Anette Messager, Ron Mueck viene también a San Ildefonso con el interés de que este artista sea conocido en México.

Es asombroso que de Ron Mueck, si yo bien recuerdo, había un solo libro que se vendía en la librería del Hotel Habita, que presentaron en el SITAC, lo presentamos hace dos años y no había más, entonces es asombroso que 9 piezas de Ron Mueck hayan llamado tanta multitud en San Ildefonso cuando a veces con 250 piezas o más no tenemos ese público. Hay un interés genuino que despierta la obra.

¿En qué año fue el primer acercamiento para hacer esta exposición?

El acuerdo se dio este año, en 2011, aunque el proyecto se anunció el año pasado y yo en junio pasado viajé a Londres. Fui a la galería de d’Offay que es el galerista de Ron porque sabíamos que de la exposición iban a haber bajas, algunas obras tenían que regresar a sus sitios por compromisos y yo quería sustituír esas obras por otras porquecorría el tiempo y obviamente en los términos de p´restamo interinstitucional a veces se requiere más tiempo, 6 meses o más de 6 meses para que nos puedan prestar las obras. Intentamos esto con Canada que tiene la pieza del Baby grande y después en Alemania otra pieza y en Estados Unidos. Finalmente la de Estados Unidos nos la prestaron pero la de Alemania y la otra estaban en compromiso y fue muy difícil. Entonces en lugar de los 11 que pensabamos presentamos las 9 piezas. Y con Anthony (d’Offay) el apoyo fue muy abierto con Charles, el ayudante de Ron también, y resulta que Ron y yo no habíamos coincidido porque cuando él vino a San Ildefonso en el momento de montaje de Monterrey, antes de la inauguración se vino aquí porque como debes de saber él no atiende prensa ni inauguraciones ni socialité; entonces se vino aquí a ver el espacio, y le gustó el espacio, y a partir de ahí comenzamos una colaboración vía Internet para diseñar la disposición de la exposición. Entonces eso lo trabajamos por Internet y lo trabajamos también en Londres cuando yo estuve ahí, con Anthony, el galerista que también tiene una opinión importante en la instalación, pues se empezó a revisar el recorrido de la exposición. 10 días antes de la inauguración llegó Ron y Charles, que había venido un poquito antes para el desmontaje de Monterrey.

Entonces empezamos a revisar el espacio, a desembalar los empaques y después hicimos un recorrido, porque nosotros ya teniamos casi todas las salas preparadas en color, en disposición de moviliario museográfico y acorde al diseño que habíamos aceptado. Él incluso tuvo dudas cuando llegó de si movía una pieza de una sala a otra, al final se dio cuenta que el espacio era bastante llano para que la gente pudiera pasar. Entonces a raíz de eso de hizo la distribución de la exposición y él hizo varios recorridos con el equipo de San Ildefonso para ver aspectos de iluminación, de disposición y obras que se tenían que restaurar, dictaminar antes con él presente. Finalmente iniciamos el montaje y dentro del tiempo determinado terminamos.

Y con estas obras monumentales, ¿cuáles fueron los retos museográficos y se instalación de las obras?

Las obras monumentales, si son de un solo bulto pueden ser problemáticas si son pesadas, pero las obras de Ron no son pesadas, porque las hace con resina. Ron es un escultor, yo diría, chapado a la antigua porque primero empieza a trabajar con el barro, saca sus primeros modelos en barro y después hace el vaciado para poder tener un molde y con ese molde puede hacerlo en resina o el material que necesite. Entonces si la escultura es muy grande él puede pensar en los pedazos como desde la antigüedad se ha hecho, o sea ir trabajando los pedazos segmentados y después unirlos. Obviamente las uniones tienen que ser mucho muy finas y sutiles o a veces encubiertas. Entonces algunas de las piezas son de una sola pieza, entonces son de 5 metros, por ejemplo en Bebé y se tienen que mover de una sola vez y desplazarse, ponerse en su base. Otras son segmentadas, puede entrar tranquilamente una parte y luego ir ensamblando, la resina le da esa propiedad de no ser tan pesado y simplemente lo que cuenta es la capa que va dando toda la forma del cuerpo.

En sí yo creo que en esta exposición sólo tenemos una obra monumental que es la de In Bed, En la cama, la señora acostada en la cama mide 6 metros pero lo que sí se aprecia es el rostro de la persona, su pecho, su torso, en muy buenas condiciones, y todo lo demás está cubierto con la sábana. Entonces el trabajo de Ron en la escultura, diría que tiene un guiño muy original que es yo diría la maestría en el manejo de las escalas. Ron puede ir de lo gigantesco a la miniatura sin perder detalle, lo cual es asombroso porque tiene un grado de memorización muy importante, y un grado de observación muy importante que le permite lograr los resultados que vemos en sala. Por el otro lado creo que también en su trabajo hay una poesía envuelta en este juego de escalas, en el sentido que no nos aproximamos de la misma manera a una figura de 5 metros que a una figura de 26 cm. Si vemos que ha hecho un bebé de 5 metros, ese bebé nos intimida por el tamaño, aunque sabemos que es un bebé, su dimensión nos obliga a caminar despacio cuando nos acercamos y cuando estamos frente al bebé de 26 cm como que tenemos ganas de cubrirlo, de cobijarlo, y nos acercamos muchísimo más, hay un juego muy sutil de conducción o de inducción, de esos afectos que nacen frente a lo grande o a lo pequeño.

Por el otro lado, creo que también en su escultura cuando de paso por Puerto Vallarta, estando en una residencia ve un pollo desplumado que le llama la atención por no haber visto en Inglaterra ni en Australia. Compra el pollo y lo empieza a bocetar hasta sacar una escultura de un pollo pero de dimensión humana. Entonces ahí la sutileza de que el pollo en tamaño normal no le serviría porque sería de lo más común y corriente pero dimensionándolo a la escala humana y presentado de esta forma pues parece un crucifijo invertido y al ponerlo en la capilla hay evocaciones, evocaciones que pueden ser icónicas, evocaciones que pueden ser religiosas, evocaciones hacia precisamente esa figura central que siempre está en las iglesias, el crucifijo. Entonces aquí creo que son esas sutilezas, esos toques de poesía que podemos encontrar en el juego de escalas y en la elección de los títulos. La escultura Mask, que es la que inicia la exposición es muy interesante por su ubicación y por su tamaño y por la expresión misma de la pieza. En sí es un autoretrato de Ron durmiendo que muestra un objeto escultórico aplastando la cara por el peso del sueño, obviamente, y nos asombra porque el tamaño es casi del tamaño de una persona. Sin embargo ningun detalle escapa, el sueño lo podemos percibir cuando estamos en frente de la pieza, la quietud del rostro, la boca semiabierta, y todos los aspectos que pueden referirse a ese estado de ausencia. Y hablando de ausencia, en lugar de llamar al objeto “autoretrato” le llama Mask, y es muy sabio porque un autoretrato no se puede hacer durmiendo, y una máscara sí, porque cuando estamos durmiendo estamos ausentes, nada más está el rostro. Entonces ese rostro no podía llamarse autoretrato, me pareció muy interesante y algunas de las otras obras, como la Pareja Acurrucada nos brinca el afecto cuando vemos “pareja” y a medida que nos vamos acercando nos damos cuenta de las verdades que suele soltar Ron de que no hay tal; de que cada uno, aunque estén muy cerca, cada uno está en su mundo y algo no funcionó entre los dos. Esas preguntas de qué es lo que pasa con la pareja, qué es lo que pasa con la relación, dónde están los deterioros, me parece que es una pregunta que siempre regresa con Ron. Es la característica de sus figuras introspectivas, pensativas, con la mirada perdida en algún punto. Y es también la condición misma de las esculturas, primero de respetar su naturaleza de silencio –son esculturas- y su naturaleza de inercia –porque no se pueden mover- y sin embargo pueden detonar en el público una variedad de afectos, de gestos y de actitudes que son impresionantes y me parece que ahí es donde está el talento de Ron. En esa provocación instantánea y espontánea en que la gente llega, no pregunta ni de qué se trata, sino que se la apropia como si fuera un milagro es algo que me remite mucho al origen de los museos.

En el pasado los museos nacieron de las peregrinaciones a los templos, santuarios o palacios y la gente iba a adorar reliquias, ex votos, figuras de divinidades, etc. Y aquí lo que veo es que el museo que nació de esos antecedentes pues ha secularizado ciertas de las actitudes que tenemos en los espacios religiosos. En los museos muchas veces se guarda silencio, se adopta una actitud muy reverencial, muy solemne de que “vengo a contemplar, vengo a admirar, vengo a aprender” y en las iglesias y en las catedrales pasa lo mismo. La gente viene y cuando entra, va viendo las reliquias, las figuras de santos y está en su mundo de evocaciones a partir de ahí.

En la exposición de Ron Mueck lo que noto primero es la necesidad de registrar, de constatar el hecho. Aquí lo que lo ha favorecido fue el permiso que obtuvimos del artista de que la gente pueda tomar fotos sin flash ni tripié. Al abrir esto se generó un movimiento, una efervescencia en la gente de querer sacar las fotos de las piezas. Para nuestro asombro no es nada más sacar las piezas, sino sacarse la foto con la pieza, adoptando posturas de la misma pieza o interactuando con ella, revisando en el ipad, en el cellphone, en la clamara de fotografía si la imagen salió bien o no. Y lo repiten y lo repiten. Entonces eso me parece ralmente como algo que no había sucedido en exposiciones anteriores, tratandose de arte contemporáneo, que venga gente de toda clase, de toda edad, de todo género, a sacarse la foto o sacar las fotos de los objetos como si fueran para constatar el milagro, como si fuera para registrar el fenómeno de que “me lo llevé” y se suma a ello otra cosa; lo colocan en Facebook, en Twitter, y empieza una competitividad de que ‘mi amigo no tiene este’, ‘mi pariente no sabe de este’ y la voz corre. La imagen corre. Así es que por ejemplo, en el periódico The Guardian de Londres salió una foto que un visitante tomó en San Ildefonso, en la sala 4, como una de las 24 mejores fotografías del día, ese día que la tomó. Y a nosotros nos llegó de Inglaterra, entonces ni siquiera supimos por el Museo que aquí sucedió eso. Como ese fenómeno hay otro, de alguien que subió un Power Point sobre Ron Mueck y lo esta compartiendo, me imagino, con muchos amigos. Los maestros están también mandando a sus estudiantes, y eso nos ha obligado a, por ejemplo, como hemos visto ese fervor, a abrir… al inicio teníamos una sola sala de video, con dos proyecciones. Ya no cabía la gente, tuvimos que poner una afuera, y aun así no cupieron, hasta que se nos desmayó un sábado una persona. Por fortuna no pasó a mayores entonces abrí otra sala en el patio principal metiendo otros dos videos para que la gente pueda ver el proceso de creación de Ron. Ahí me asombró ver gente con su cámara filmando el video completo como para llevárselo porque obviamente en el comercio no lo hay.

El catálogo de la exposición se agotó a las 3 semanas. Ahorita vamos a reimprimir el catálogo para la gente porque no hay ningún libro de Ron Mueck en México, entonces es asombroso que sea tan atractivo para la población mexicana y no contamos con mayor información sobre quién es y cómo hace su trabajo este artista.

Por fortuna las salas de consulta que hemos puesto, el galerista de Ron, Anthont d’Offay me había regalado varios libros y publicaciones que han salido alrededor del artista y dos videos que muestran el proceso, cómo Ron hace una pieza de principio a fin. Entonces eso ha traído a la gente y se han sentado a verlo continuamente. Hay gente que ha venido a repetir sesiones para entender mejor. Entonces yo digo… es una exposición que no ha requerido de mucha cédula para explicar, sólo tiene su cédula introductoria, son 9 piezas. La gente no encuentra sofisticación alguna para acercarse a esas imágenes, ¿por qué? Porque son como espejos para ellos, son tan parecidos a ellos que piensan que pronto van a respirar y se levantan y caminan. Por el otro lado, nunca habían visto una escultura muy parecida aunque por ejemplo algunos de obra pueden decir ‘ve al museo Ripley’, ‘ve al Museo de Cera’. Ron tiene una característica que esos museos, primera es la finura y el talento para esculpir, segundo es el conocimiento técnico para dominar los materiales sintéticos como son los silicones, las resinas, los monofilamentos y los pigmentos y eso le permite, al momento de esculpir y hacer todos los vaciados y moldes, introducir pigmentos en capas o lajas de resina para que puedan simular la translucidez de la epidermis humana y todas las texturas que pueden tener los poros o los cabellos, los vellos, la uña o la ropa, todo eso está pensado a la medida, a la proporción de la escultura y se trabajo a veces con pelo humano o a veces con pinceles, o a veces con cabellos de la cola de un caballo como es el caso de la obra grande, la señora que esta acostada sobre la cama.

Entonces es mostrar a alguien que mezcla fabulosamente dos técnicas que son la tradición escultórica occidental pero también la pictórica. Ese grado de verosimilitud en cuanto al acercamiento a las encarnaciones sólo se ve en la pintura holandesa, en la pintura italiana, en la flamenca, en la francesa, incluso diría en la española, pero con esas cualidades de acabado de que no pierde un solo detalle.

En la escultura aunque se haya hecho de madera, de mármol, siempre la naturaleza del material es, no diría una frontera, pero una señal de que ‘esto’ es diferente de mí. Pero aquí el parecido es tal que uno dice ‘Ah’ si no fuera la proporción miniaturizada o agigantada, pues casi podría salir y decir ‘Hay alguien desnudo aquí en esta sala’.

Creo que ese fenómeno ha desinhibido a muchos y ha mostrado que el arte contemporáneo puede encontrar soluciones aparentemente sencillas, pero que no son sencillas. Al contrario, son prueba de mucha maduración de la observación y de la técnica, y también de soluciones estéticas que pueden todavía darse en el campo del arte. Hacía mucho que no habíamos visto un escultor explorando la figuración en ese grado. Ron, como los de su generación, como el caso de Dinos Chapman, que hacen escultura de híbridos pero referidos más bien a las épocas de las clonaciones que se dieron durante los años 90 y principios de los 2000, sin embargo Ron es una persona muy reservada, muy entregada y comprometida cónsul trabajo que medida mucho lo que va a hacer. Por eso si bien le va hace dos piezas al año.

No me imagino qué puede venir después, para usted como museógrafo, que pueda ser tan satisfactorio como tener cientos de miles de visitantes que se relacionan de una forma tan directa con las obras expuestas, teniendo una experiencia tan fuerte en la muestra…

La museología la enseño, la practico, escribo sobre ella y es un campo de investigación. Esta exposición creo que amerita un estudio de público para saber exactamente cuáles son esas cualidades de la obra que hacen que la gente olvide que está entre los demás. En ese sentido creo que hay un poder en las obras que despierta en la gente, no sé si es un origen primigenio, o no sé si es una actitud pagana que tiene la humanidad… o no sé, la verdad la respuesta aun no la tengo, la estoy observando cada vez que entro a salas observando al público, pero creo que esa tradición que hay en México de sobar santos es algo que puedo decir que se asemeja a lo que está ocurriendo en el museo.

Yo soy restaurador de obras de arte y en mi formación íbamos a prácticas de campo en provincia, y la mayoría de las obras que están en las puertas de las iglesias siempre tienen un faltante en la parte de abajo, pueden ser pinturas o pueden ser esculturas. La única forma de deterioro de estas piezas es que la gente las soba antes de entrar. Aquí soban la boca antes de entrar a las salas. Es la única pieza que se puede tocar. En las iglesias las piezas son víctimas de muchas pérdidas porque después cuando las restauramos nos damos cuenta. Pero como en el museo no puedes tocar las piezas, la única forma que te es posible es la fotografía, que es una forma óptica de acariciar la obra, entonces toman muchas fotos y se las llevan a casa y ahí sí las contemplan, las retocan, las comparten, las revisan, y es lo que antes probablemente era esa actitud reverencial frente a las obras, los brazos cruzados como si fuera una oración religiosa. Ahorita no, la herramienta tecnológica permite que la juventud pueda registrar rápido, rápido. Ni ven a veces. Casi hay una simultaneidad entre el registro y la percepción de la obra, y posteriormente uno les pregunta y responden ‘es que le quiero tomar de varios ángulos porque así me gusta a mí y como no puedo en el museo, prefiero tomarlas y llegando a mi casa tranquilamente lo disfruto’. Y otros, por ejemplo, toman la foto como un detonador de reflexiones. Por ejemplo, entró un señor y salió abatido. Yo le decía ‘Oiga señor, qué pasó’, ‘No es que me dejó impresionado’, ‘¿Por qué?’, ‘Mire, la verdad me dejó pensar sobre Dios’, ‘¿Sobre Dios?’, ‘Sí, pues aquí na’mas le falta que respiren pero la cercanía a nosotros es innegable’ Ahí sí yo me quedé atónito porque nunca habría pasado por mi mente esa relación.

He visto una persona que vino con 5 hijos. Ha tomado (fotografías) a los 5 hijos con las 9 piezas. Sí… Así como un registro de trabajo desde las 10 de la mañana hasta la 1 de la tarde, y el señor ‘Hija ponte aquí’, ‘Hijo mejor así, levanta el brazo como si estuvieras agarrando las piernas del pollo’, ‘No, mejor, mete la mano, así’. Uno dice bueno… quién sabe qué placer le puede dar a él, pero es permisible porque el arte está haciéndolo sin ninguna intermediación de un curador o de alguien más. Otra persona entró en la sala de la persona acurrucada, ese día era domingo y había fácilmente como treinta y tantas personas alrededor y la señora dijo ‘Ay, me dan ganas de cobijarlas’. Y dij, Ah Caray… fijate, ella al ver a la gente alrededor los siente como intrusos y tiene ganas de cobijarlos para que nadie los vea. Ese fue su primera reacción, después cuando de acercó más dijo ‘Ay Dios, pobres…’ y se va. Esas dos frases me dan otra lectura de la obra.

Hubo otra persona que entró a la sala. Había 5 muchachos con sus celulares tomándole una foto al bebé y gritó ‘¡No lo lastimen!’ Hay ese sentimiento de que es chiquitito, no pueden armarle un ejército de fotógrafos así como si fueran cañones, y son reacciones que sorprenden. El ser humano es muy complejo, el arte no ha acabado de descubrir hasta qué grado sus potenciales pueden liberar esos aspectos que estoy señalando del ser humano. Y sin embargo cuando vemos las piezas parecen muy sencillas. Mucha gente me dijo ‘No, es nada más el artificio, la factura, el talento para hacer pero no tienen más chiste’, pero ¿cómo hacen para despertar esos puntos tan sensibles de la persona?, ¿cómo hacen para transformarlos y que olviden que están ntre los demás? Por ejemplo hombres de corbata y saco fino, o la señora ama de casa o el niño… he visto una niña de 5 años intentar sacar una foto de la señora grande. Era impresionante verla a ella chiquitita y a la gigante en la cama. Yo veía eso y decía bueno, cómo… aquí están pasando cosas que realmente, si alguien estudia museología, tiene un campo de exploración para entender ciertas facetas del público mexicano, porque lo veo ahora sí ir en efervescencia esas ganas de registrarse con la imagen. Eso le ha dado a esta exposición parte del éxito. La gente dice ‘esto es mío, me lo apropio, esto no es la sofisticación de un curador que me va a tirar un rollo y no le entiendo. Esto es algo que posiblemente no llegue a su significado, pero la cercanía me permite desinhibirme’ y esa es la característica que yo veo que la exposición le está dando al público y que es muy afortunado que un artista que no es muy conocido en nuestro medio, por primera vez expone en América Latina sea tan exitosamente bien recibido, o sea su talento lo reconocemos y si son 9 piezas que llaman multitudes hay que enfocarse en cómo lo logra.

En la mayoría de las obras de Ron las esculturas nos ignoran, somos nosotros quienes los despertamos. Parecen actores inmutables, como si dijeran ‘yo estoy en mi papel, ustedes hagan lo que quieran’ y en la mayoría de las salas observo ese fenómeno, la señora está con la mirada perdida en un punto por allá y todo el mundo le está sacando fotos y para ella es como ‘terminen con sus cosas y me dejan en paz porque yo sigo aquí y sigo igual, como escultura’

Este fervor que se está dando en la Ciudad de México, ¿se presentó en la exhibición en MARCO?

Sí. MARCO tuvo 167, 700 pero me imagino que no tuvieron la idea de observar el fenómeno fotográfico, y lo que pasó con esta exposición fue que tuvo una difusión sui generis, en el sentido de que desde la llegada de las cajas, esa noche con los trailers los medios estaban aquí filmando y fotografiando y al día siguiente lo publicaron. El periódico Reforma abrió una galería de fotografías y vinieron durante el montaje, como sabían que no podían hablar con el artista, y fueron sacando fotos. Diario había algo de cómo se estaba montando. Cuando yo vi eso dije el fenómeno fotográfico va a ser como un puente. Le pregunté a Ron y me dijo ‘no hay ningún problema, pueden tomar fotografías sin flash ni tripié’ Pero cuando vi el primer sábado la cantidad (de fotografías) ahí sí la verdad tuve preocupación y le volví a escribir… Oye Ron, nunca había visto esto, yo soy viajero frecuente de las bienales: Venecia, Documenta, Habana, lo que tu quieras, pero nunca había visto un fenómeno así, y le mandé fotos. Se quedó… ’Oye, Ery, ¿qué es eso?’ Pues, esto es México, y te lo estoy diciendo, te lo estoy enseñando y te soy sincero, ¿quieres que deje que continúe? Porque siento que hay una red que se está tejiendo y me parece mucho muy interesante aprovechar la oportunidad. Me dijo ‘pues si tu lo ves así, ¿por qué no? Adelante’. Y desde ese momento pues, te digo, los martes tenemos hasta 8,600 personas, los sábados y domingos, cada día, 5,600 o 6,000 a veces.

Hay gente que puede quedarse hasta hora y media haciendo cola para entrar y el museo ha desplegado toda su infraestructura para poder agilizar ese proceso y el éxito es muy gratificante tanto como para nosotros como para el artista, pero para nuestro trabajo nos pone un reto, precisamente es saber o investigar a través de esta oportunidad una mejor relación de comunicación con nuestros públicos, tratar de entregarles materiales que les permitan disfrutar las exposiciones sin ningún problema y entregarles documentación para que ellos puedan ir generando poco a poco su propio acervo de la diversidad que hay en el arte contemporáneo.

¿Se ha transferido el éxito de esta muestra a las otras exhibiciones en San Ildefonso?

Si, por supuesto. Con las multitudes que tenemos la gente para hacer tiempo va a ver otras exposiciones y las exposiciones de fotografía que en general llegan a 6, 7000… la única exposición de fotografía que tuvo realmente mucho éxito fue la de David LaChapelle con 140,000 personas en 4 meses, y luego Vic Muniz con 72,000 personas con 4 meses y ahora estos ya están teniendo a veces 1,200 personas al día, cosas que en tiempos normales no lo tendríamos.

¿Qué sigue en San Ildefonso?

 El año entrante queremos explorar un poco el arte contemporáneo brasileño por un lado y también ir hacia los países nórdicos para ver qué sensibilidad artística podemos encontrar todavía en efervescencia en esos sitios y sobre todo gente que ha tenido cierto vínculo con México, teniendo ciertos intercambios con el Muralismo mexicano y también tenemos la exposición que estamos preparando pero esto sería para el 2013, a principios, que es una exposición de pintura del museo de la ciudad de Lyon en Francia que está en un proceso de restauración y su colección permanente que representa en parte a los modernos, me refiero a las vanguardias del siglo XX, queremos traer esa colección que nunca se ha presentado algo parecido en México, y es una exposición que estamos en gestiones para contar con ella porque sería como el libro de la pintura del siglo XX que todo mundo ha querido ver en un museo y no ha podido, con Matisse, con Chagall, con Picasso, con todos los nombres que se pueda imaginar del siglo XX.

¿Hay un esquema planeado al hacer estas exposiciones tan taquilleras en contraste con otras que obviamente no lo serán tanto?

Yo creo que así no. Más bien el museo explora esa diversidad y va en su programa obviamente equilibrando las propuestas y siempre buscamos dentro del año tener una propuesta singular que pueda dar mayor apertura a la gente, en este caso Ron Mueck fue la exposición, el año pasado fue Orozco y así buscamos a alguien que pueda mostrar cierta complejidad cuestionable en el arte, porque no todo el mundo esta de acuerdo con la obra de Ron, hay gente que lo ve muy sencilla o que no le ve ningún interés, sin embargo son esos puntos de polemización que permiten reflexionar sobre lo que es la teoríaa preconcebida del arte a lo que puede ser lo inédito del arte en una sala de exposición. Eso no lo puede prevenir el investigador. Siempre buscamos también las obras en donde vemos más transgresión con algo de experimentación, como en la fotografía de Gerardo Suter, por ejemplo, la curamos y la montamos como un avance que consideramos sustancial en la producción fotográfica que se hace en México.

¿Y cómo responde a esta polémica de que la exhibición está dirigida a las masas?

No, Ron no está dirigido a las masas. Ahí estoy totalmente en contra porque si fuera así sería muy sencillo. Tal vez las masas no encuentran la dificultad que tienen cuando entran en un campo abstracto, o cuando entran en los conceptualismos, pero cuando ven una figura a la que no le falta absolutamente nada, aunque sea chiquito o gigante, ahí sí ellos sienten que encuentran la clave de identificación y la clave de intercambio con la pieza. En el arte contemporáneo, y diría, en el arte moderno occidental, incluso anterior, no hay ningún escultor que haya trabajado como Ron. Llámese Miguel Ángel, llámese Bernini, lo hicieron en mármol, lo hicieron en piedra, tuvieron la cualidad anatómica, pero esa cualidad del David que está allá aunque su monumentalidad impresiona, no es la manera en que despiertan las figuras de Ron. Si yo tuviera 2, 3 5 o 100 haciendo como Ron, diría que es fácil, pero no  encuentro aun a nadie en el campo que conozco, y conozco bastante del arte contemporáneo que lo haga como él. No creo que Ron sea para las masas, creo que Ron requiere mucha más concentración, requiere mucha más reflexión en la forma en que él traduce una sabiduría muy antigua del arte que es que las cosas no son lo que parecen ser, las apariencias engañan. Y eso en todas las obras de Ron, hay siempre una apariencia que si no te cuidas te pueden engañar, son como velos, tienes que atravesarlos para realmente entender el contenido. Y el día que las masas lo adopten pues yo diría felicidades, porque de eso se trata el arte, de que sea colectivo, sin tantas barreras.

Texto publicado originalmente en Frente.

La exhibición de Ron Mueck termina el próximo 5 de febrero de 2012 y hasta esta fecha se encontrará abierta en diferentes horarios especiales que puedes consultar directamente en el sitio del museo.

Antiguo Colegio de San Ildefonso

usto Sierra 16, Centro Histórico

Metro Zócalo

Martes entrada libre.

Martes de 10 a 20 hrs, de miércoles a domingo de 10 a 18hrs.

$45.00

Estudiantes y maestros con credencial $22.50

Cuando no hay exposiciones, la admisión general al edificio es de $15.00; estudiantes y maestros $7.50

La entrada es libre para
- participantes del Programa de Membresías del museo
- niños menores de 12 años
- personas de la tercera edad

 

 

 

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